Existen vocaciones ejemplares por gente ejemplar
Por: Marìa Elsa Molina.
Eres una desgraciada y seguirás siendo desgraciada, estás loca son las palabras de las personas a veces las que más amas, algunas que dicen ser tus amigas otras que ni siquiera te conocen, estas palabras me apenan no por mi sino por ellos no entienden y no comprenden que me he metido en la piel de las víctimas, he llorado su llanto he sentido sus heridas como mías y sentido su dolor apenas eso porque es mentira que puedo sentir con tal magnitud el dolor de la pérdida de un familiar, un amigo, un hermano, un hijo, me toca respetar su dolor, y eso deberían hacer muchos al menos por respeto y compasión.
No tengo porque imponer mis convicciones personales, pero no saben la alegría que mi corazón siente, el escalofrío que mi cuerpo experimenta cuando encuentro a personas con los mismos ideales de justicia y servicio que yo. El pueblo observa cómo se han enterrado las almas y sueños de muchos jóvenes, adultos e incluso niños pueden que para aquellos que se hacen a los ciegos, sordos y mudos esa realidad no cuente porque desgraciadamente he visto como la sociedad prefiere no meterse en problemas hasta que los problemas le alcancen a ellos, su pensar comodista y hasta un tanto egoísta no me obliga a no visibilizar lo evidente.
He llorado muchas veces de impotencia sabiendo que puedo hacer más, rezando por la paz y normalidad en mi país, por el cese de las muertes, donde se deje de llamar delito el pensar diferente, donde se respete la crítica constructiva esa que es directa y de frente, donde se deje de justificar acciones de represión como una estrategia para desestabilizar el gobierno y ese gobierno no asuma su responsabilidad, olvidando que su deber es procurar que la ley responda al estado real de la sociedad y no a la de sus propios intereses como legislador, por eso en otra ocasiones he gritado con las fuerzas que emergen de todo mi interior “¡De que se van, se van!”, porque quién no está sujeto a la autoridad, jamás podrá ser reconocido como autoridad.
Para muchos en mi país no basta solo rezar, para mí tampoco basta solo rezar, mi lógica me dice emprendo una acción de servicio y en medio de ellas rezo y rezaré. Hemos tenido momentos de estrés colectivo lo hemos dejado todo, mis compañeros han dejado a sus hijos, padres, abuelos para sumarse al servicio, algunos hemos perdido el empleo y oportunidades que para nosotros eran de gran importancia pero no más que el espíritu de servicio que nos permite dar lo mejor de nosotros sin salir en los periódicos, no queremos recursos materiales aunque si han sido útiles en el campo de los cuales hemos carecido, sin embargo eso no nos ha impedido hacer nuestro servicio sin importar el lugar, la hora para proteger y servir ha sido nuestra misión y es honorable para nosotros entregar nuestra vida al servicio de otros porque sabemos el riesgo que implica en este contexto el servir, ser famoso y que conozcan nuestro nombre nunca ha sido el objetivo, sin embargo nuestro corazón salta; nos sentimos gallardos cuando tenemos fama entre las víctimas a las cuales hemos curado o atendido, irónicamente esto ha ocasionado no solo que nos agradezcan sino que otros nos quieran linchar, o balacear porque ayudar por amor es un delito donde nos maldicen sin razón los mismos que dicen orar pero no de corazón han mercantilizado el nombre de Dios, hemos adquirido la fama sin querer es el máximo placer de la realización personal, ser anónimos entre aquellos que sacan la bandera se toman la foto se suben a su carro y se van. En cambio nosotros nos quedamos y no los abandonamos no estamos para figurar esa es la verdad.
Todos somos humanos, todos somos hermanos nacimos cobijados bajo la misma bandera es doloroso ver a los policías que también tienen familia apuntar a un joven que podría tener la edad de su hijo o hija sin que le remuerda un tantito la conciencia, no sé si ellos piensen en mi o en nosotros, pero yo si pienso en ellos en su cara de desvelo en que si están en contra de su voluntad a otros los veo sonrientes y los veos como carniceros y abusivos a veces me dan pesar aunque ellos probablemente no tendría compasión conmigo me harían trizas, aún tengo esperanza en la humanidad, luego de haber tenido un antimotín apuntándome y a otro compañero tirado en el suelo protegiéndose detrás de un barril de plástico que era más pequeño que él, un 28 de mayo donde sentí que pude haber perdido la vida, estaba jaque mate, pero el antimotin se me quedó viendo de pies a cabeza, me sentí un cachorrito en la boca del animal más feroz y no lo hizo aún con todas las condiciones para hacerlo no sé qué paso por su mente, no sé qué reflejo vio en mí, esa experiencia me regaló esperanza.
Cuando yo era niña recuerdo haber dicho que me gustaría ser presidenta, a veces decía que doctora o misionera ahora observo que ningún niño dice que quiere ser presidente, que ha pasado, años atrás ser policía, bombero, doctor, periodista, escritor, poeta, cruzrojista, eran ejemplos a seguir por los niños y por adultos que un día fueron niños se acuerdan. ¿Qué quieres ser cuando seas grande? Mejor aún ¿Qué quieres ser o hacer cuando seas libre?
No dejemos que nos secuestren los sueños y rompamos el silencio, no más secuestros a la comunicación a la libertad de expresión nos han robado la democracia y nuestros derechos, que no nos roben la capacidad de ser felices amando al prójimo y de demostrar que aún existen personas con vocaciones ejemplares, como decía Confucio:”Aquél que procura asegurar el bienestar ajeno, ya tiene asegurado el propio.”

Muy cierto, solo los que servimos realmente al pueblo sabemos lo que se siente que alguien a quien ayudaste a curar sus heridas te apreté la mano y te diga gracias, es una palabra tan pequeña pero que tiene tanto valor que estremese el alma y motiva a seguir ayudando. sólo el pueblo salva al pueblo.
ResponderEliminarEso es asì la imagen habla màs que las palabras.Gracias por su comentario y por tomarse el tiempo de leer líneas que expresan verdades.
EliminarEso es asì la imagen habla màs que las palabras.Gracias por su comentario y por tomarse el tiempo de leer líneas que expresan verdades.
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